Las trepanaciones craneanas del antiguo Perú

Mucho antes de que existieran los modernos quirófanos, los instrumentos de precisión y los conocimientos científicos que hoy permiten realizar complejas intervenciones sobre el cerebro, los antiguos pobladores del Perú habían desarrollado sorprendentes procedimientos para tratar determinadas lesiones del cráneo. Entre ellos destaca una de las prácticas quirúrgicas más extraordinarias de la América prehispánica: la trepanación craneana.

Resulta difícil imaginar a un hombre de aquellos tiempos enfrentándose a una intervención semejante. Sin anestesia moderna, sin antibióticos y sin los instrumentos que actualmente emplea la neurocirugía, abrir una porción del cráneo suponía un enorme desafío. Sin embargo, los restos humanos encontrados por los arqueólogos demuestran que estas operaciones no solamente se realizaron, sino que numerosos pacientes sobrevivieron a ellas.

La trepanación consistía en practicar una abertura en los huesos de la bóveda craneana, mediante técnicas como el raspado, el corte o la perforación. No debe confundirse con la extracción del cerebro ni suponerse que todas las intervenciones penetraban profundamente en la cavidad craneana. En muchos casos, el procedimiento afectaba principalmente al hueso, procurando evitar daños en las estructuras internas.

Entre los pueblos que desarrollaron esta práctica se encuentra la cultura Paracas, asentada en la costa sur del antiguo Perú. Sus restos arqueológicos proporcionan algunos de los testimonios más antiguos conocidos de trepanación en los Andes. Pero esta habilidad no quedó limitada a una sola cultura: también se han encontrado evidencias en otros pueblos prehispánicos, y la práctica continuó desarrollándose durante muchos siglos.

¿Por qué se arriesgaban a realizar una operación tan delicada? Los investigadores consideran que una de las causas principales fueron los traumatismos craneales, posiblemente ocasionados por accidentes o enfrentamientos. Una fractura podía dejar fragmentos óseos hundidos y provocar graves complicaciones. La intervención habría permitido tratar determinadas lesiones, aunque también se han propuesto otras motivaciones terapéuticas y rituales. Como no contamos con historias clínicas escritas por aquellos cirujanos, debemos interpretar sus propósitos a partir de los restos humanos, los instrumentos y el contexto arqueológico.

Los procedimientos variaban según el lugar y la época. En determinados casos se utilizaban instrumentos de piedra, como la obsidiana, y herramientas cortantes de metal. El hueso podía rasparse cuidadosamente hasta producir una abertura, o cortarse siguiendo una forma determinada. Las huellas que estos instrumentos dejaron en los cráneos permiten a los especialistas reconocer distintas técnicas y estudiar cómo fueron perfeccionándose.

También se ha planteado que pudieron emplearse sustancias vegetales para aliviar el dolor, entre ellas la coca, conocida y utilizada por diferentes sociedades andinas. Sin embargo, no debemos imaginar un protocolo de anestesia uniforme ni afirmar que conocemos con exactitud los preparados administrados en cada intervención. Esta ausencia de información nos obliga a distinguir entre las posibilidades históricas y aquello que los hallazgos pueden demostrar.

Uno de los aspectos más interesantes de estas operaciones es la capacidad de recuperación de algunos pacientes. Cuando una persona sobrevive durante un tiempo suficiente, el hueso alrededor de la abertura comienza a mostrar señales de cicatrización y remodelación. Esas modificaciones pueden permanecer visibles durante siglos, convirtiéndose en un testimonio silencioso de su supervivencia.

Así, un cráneo que para nosotros parece solamente un resto arqueológico puede revelar una historia extraordinaria: la de una persona que sufrió una lesión, fue sometida a una intervención y continuó viviendo después de ella.

Las investigaciones modernas han permitido comprobar que los resultados no fueron iguales en todos los períodos. Un estudio publicado en 2018(1), basado en más de ochocientos cráneos trepanados procedentes del antiguo Perú, estimó una supervivencia prolongada cercana al 40% en algunas muestras tempranas, mientras que determinadas series posteriores alcanzaron porcentajes considerablemente mayores. Durante la época incaica, las estimaciones generales de ese estudio se situaron aproximadamente entre el 75% y el 83%.

Estas cifras no representan una tasa universal para toda la medicina prehispánica ni significan que podamos reconstruir cada operación con exactitud. No obstante, demuestran que hubo una acumulación de experiencia y que determinadas técnicas alcanzaron resultados notables para las condiciones de su tiempo.

Otro hallazgo que despierta especial curiosidad es la presencia de cráneos relacionados con láminas de oro y otros materiales. Existe, por ejemplo, un ejemplar de Paracas conservado por el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, cuya abertura craneana aparece cubierta por una lámina de oro. Aunque la imagen resulta impresionante, el propio museo señala que no existe evidencia suficiente para asegurar que esa lámina fue colocada mientras el individuo vivía. Su presencia también podría estar relacionada con prácticas funerarias. Esto nos recuerda que la arqueología exige prudencia. Un objeto extraordinario puede despertar nuestra imaginación, pero el conocimiento histórico se construye al examinar cuidadosamente aquello que las pruebas permiten afirmar.

Las trepanaciones craneanas del antiguo Perú nos hablan de algo más profundo que una curiosidad médica. Nos muestran sociedades que observaron el cuerpo humano, desarrollaron técnicas, aprendieron de su experiencia y buscaron responder a los sufrimientos que enfrentaban sus comunidades. Sus conocimientos no eran idénticos a los nuestros, ni debemos juzgarlos como si hubieran dispuesto de los recursos de la medicina actual. Tampoco necesitamos exagerar sus logros para reconocer su importancia.

Basta contemplar uno de aquellos cráneos, marcado por una abertura cuidadosamente realizada y rodeada de hueso cicatrizado, para comprender que estamos ante una historia de dolor, conocimiento y supervivencia.

Muchos siglos después, quienes investigan esos restos continúan encontrando respuestas y formulando nuevas preguntas. Los antiguos cirujanos no dejaron tratados que expliquen sus procedimientos, pero sus pacientes nos legaron un testimonio que ha resistido el paso del tiempo. Y ese testimonio sigue despertando nuestro asombro hoy.

Por Cecilia de Araníbar

Versión revisada y ampliada para CyberLector

Referencia bibliográfica

(1) Trepanation Procedures/Outcomes: Comparison of Prehistoric Peru with Other Ancient, Medieval, and American Civil War Cranial Surgery. Autores: David S. Kushner, John W. Verano y Anne R. Titelbaum. Revista: World Neurosurgery, volumen 114, páginas 245–251, junio de 2018. https://doi.org/10.1016/j.wneu.2018.03.143