Aprendiendo el oficio de ser escritor

Cuando nos embarcamos en la tarea de escribir, con la ilusión de algún día dedicarnos a ello por completo, es casi inevitable comenzar a buscar alguna fórmula que pueda ayudarnos en el camino. Queremos saber cómo empezaron nuestros escritores favoritos, cómo vencieron las dificultades, cómo sortearon los obstáculos, cómo consiguieron publicar por primera vez y, en definitiva, qué tuvieron que hacer hasta llegar a ser considerados buenos escritores.

Yo también lo hice. Busqué, leí e investigué tratando de encontrar algo parecido a una fórmula y, después de algún tiempo, llegué a una conclusión que entonces expresé de una manera bastante rotunda: «No se puede aprender a ser escritor». Hoy, muchos años después, matizaría aquella afirmación. Sí se puede aprender a escribir mejor; podemos mejorar nuestra redacción y ortografía, estudiar técnicas narrativas, conocer las particularidades de los distintos géneros literarios, participar en talleres, escuchar a otros escritores y aprender de ellos. Todo eso es valioso. Lo que nadie puede enseñarnos mediante una fórmula es a querer ser escritores.

Porque aprender este oficio requiere algo anterior a la técnica: pasión por la escritura y disposición para atravesar ese largo proceso de maduración en el que vamos encontrando nuestra propia voz. Si esa pasión existe, hay algunas cosas sencillas que pueden ayudarnos en el camino.

1. Sea un buen lector

Un escritor necesita leer. La lectura amplía nuestro vocabulario, mejora nuestra capacidad para expresarnos y nos permite descubrir distintas maneras de construir una historia, desarrollar una idea o provocar una emoción. Pero no se trata únicamente de leer mucho, sino también de aprender a leer con atención: preguntarnos por qué un comienzo consigue atraparnos, por qué determinado personaje permanece en nuestra memoria o por qué una página nos conmueve mientras otra, aunque esté correctamente escrita, nos deja indiferentes.

Tampoco deberíamos limitarnos únicamente al tipo de obras que pretendemos escribir. Quien escribe novela puede aprender de la poesía; quien escribe ensayo puede descubrir recursos en la narrativa; quien escribe historia puede encontrar en la literatura maneras extraordinarias de acercarse a la experiencia humana. Leer también es una forma de aprender el oficio y, en ese sentido, cada buen libro puede convertirse en un maestro.

2. Escriba, escriba y escriba

No conozco otro camino. Podemos estudiar técnicas y escuchar muchos consejos, pero llega un momento en que hay que sentarse frente a la página y escribir. Es haciéndolo como comenzamos a descubrir nuestra propia voz y también nuestras debilidades: aquello que repetimos demasiado, las ideas que todavía no sabemos explicar, los personajes que no terminan de cobrar vida o esas páginas que parecían magníficas cuando las imaginábamos y que, una vez escritas, simplemente no funcionan.

Un escritor necesita creatividad, por supuesto, pero también disciplina y constancia. La inspiración puede iniciar una obra; difícilmente será suficiente para terminarla. Habrá días en que las palabras parezcan llegar solas y otros en que cada párrafo cueste muchísimo más de lo esperado. Ambos forman parte del mismo oficio y de ambos se aprende.

3. Aprenda a reescribir

Este es un consejo que no estaba en mi lista original y que los años me han enseñado a valorar: escribir no termina cuando colocamos el punto final. Después comienza otro trabajo quizá menos emocionante, pero igualmente importante: volver a leer, corregir, quitar, añadir, comprobar, cambiar una palabra varias veces y, en ocasiones, descubrir con cierta tristeza que aquel párrafo que tanto nos gustaba no le hacía ningún favor al texto.

Aprender a desprendernos de lo que no funciona también forma parte de escribir. Reescribir no significa necesariamente que hayamos escrito mal, sino que estamos trabajando sobre lo escrito para acercarnos cada vez más a aquello que realmente queríamos expresar. El primer borrador nos permite poner la historia o la idea sobre el papel; las revisiones nos ayudan a encontrar la mejor manera que tenemos de contarla. Y en ese proceso no solo madura el texto: también madura el escritor.

4. Muestre sus escritos

Este consejo sí estaba en mi lista desde el principio y todavía lo considero necesario. Muestre lo que escribe a personas capaces de leerlo con atención y sinceridad, y escuche sus observaciones, especialmente cuando varios lectores tropiezan con el mismo problema. Eso no significa aceptar cada crítica ni modificar un texto para satisfacer a todos. Un escritor necesita aprender dos cosas que pueden parecer contradictorias: escuchar y decidir.

Habrá críticas acertadas y otras que no lo serán. Habrá lectores que comprendan perfectamente aquello que quisimos comunicar y otros que esperaban encontrar un libro diferente. Con el tiempo aprendemos a distinguir unas cosas de otras. Mostrar lo que escribimos también exige vencer cierta vergüenza y, sobre todo, el temor a la crítica. Mientras un texto permanece guardado está protegido; cuando lo entregamos a otros comienza también la experiencia del lector. Y eso puede dar miedo, pero escribimos precisamente para ser leídos.

El oficio nunca termina de aprenderse

Después de todos estos años, sigo pensando que no existe una fórmula para convertirse en escritor. Hay técnicas que aprender, errores que corregir, libros que leer, consejos que vale la pena escuchar y muchas, muchísimas páginas que escribir. Pero permanece aquello que estaba en el fondo de mi reflexión original: quien verdaderamente quiere escribir siente la necesidad de comunicar una historia, una idea, una experiencia, una pregunta o algo que considera digno de ser entregado a los demás por medio de la palabra escrita.

Quizá por eso el oficio de escritor nunca termina de aprenderse. Cada nuevo texto vuelve a colocarnos delante de una página en blanco y, de alguna manera, volvemos a empezar. Si usted quiere escribir, lea; escriba; reescriba; muestre lo que hace; escuche; aprenda y vuelva a escribir. Porque si aquello que durante tanto tiempo quiso hacer fue escribir, llegará un momento en que comprenderá que el oficio no se aprende antes de comenzar: se aprende escribiendo.

Dámaris Masquil