¿Cuáles son las causas por las que, al leer un texto, su comprensión se vuelve escurridiza? ¿Será simplemente falta de concentración? ¿Podría existir alguna dificultad de aprendizaje no detectada? ¿O quizá nunca llegamos a desarrollar suficientemente el hábito de leer, comprender, preguntar y relacionar lo que leemos con aquello que ya sabemos?
Las causas pueden ser muchas y no siempre serán las mismas para todas las personas. Por eso conviene evitar explicaciones demasiado simples. Pero hay algo que difícilmente podemos negar: comprender lo que leemos es una capacidad fundamental para nuestro desarrollo. No basta con reconocer las palabras de una página; necesitamos entender lo que dicen, descubrir lo que implican, distinguir una afirmación de una evidencia y, cuando corresponde, preguntarnos incluso si aquello que estamos leyendo merece nuestra confianza.
Hace aproximadamente veinte años escribí por primera vez sobre este tema. Entonces tomé como punto de partida los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes realizada por el Ministerio de Educación del Perú en 2006. Las cifras me parecieron preocupantes y me llevaron a preguntarme qué sucedería con aquellos niños cuando llegaran a la edad adulta. Dos décadas después, la pregunta sigue siendo válida, aunque ahora disponemos de nuevas evaluaciones y también de una perspectiva más amplia.
Veinte años después
En PISA 2022, en la evaluación internacional aplicada a estudiantes de 15 años, el 50 % de los estudiantes peruanos alcanzó el nivel 2 o superior en Lectura. PISA considera este nivel como el mínimo necesario para desenvolverse en el mundo contemporáneo. En términos sencillos, significa que aproximadamente la mitad de los estudiantes evaluados alcanzó al menos ese umbral y la otra mitad quedó por debajo de él. (UMC)
Sin embargo, sería injusto concluir que durante estos años nada ha cambiado. Las evaluaciones nacionales continúan mostrando una realidad que debe ser observada con atención, pero también avances. La Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje de 2024, por ejemplo, encontró una recuperación en Lectura y Matemática entre los estudiantes de cuarto grado de primaria; participaron en la evaluación censal alrededor de 532 000 escolares de instituciones públicas y privadas. El problema persiste, pero la realidad educativa no es inmóvil y también es necesario reconocer las mejoras cuando se producen. (UMC)
Mirando el problema desde Italia
Hoy escribo estas líneas desde Italia y eso me permite mirar aquella preocupación inicial desde otra perspectiva. Aquí existe una fuerte tradición cultural y es frecuente escuchar hablar de la importancia de la lectura. ¿Significa eso que los problemas de comprensión lectora pertenecen principalmente a países como el Perú?
Los resultados de PISA 2022 permiten establecer un contrapunto interesante. Mientras en Perú el 50 % de los estudiantes de 15 años alcanzó al menos el nivel 2 de competencia lectora, en Italia lo consiguió el 79 %. El promedio de los países de la OCDE fue 74 %. La diferencia es importante y no tendría sentido minimizarla: Italia presenta, en este indicador, una situación considerablemente mejor que la peruana. (UMC)
Pero esos mismos datos invitan a evitar conclusiones apresuradas. Si el 79 % de los estudiantes italianos alcanzó el nivel mínimo, significa también que alrededor de uno de cada cinco quedó por debajo de él. Y cuando observamos los niveles más altos de competencia lectora, solo el 5 % de los estudiantes italianos alcanzó el nivel 5 o superior, frente al 7 % del promedio de la OCDE. Incluso en un país con mejores resultados, por tanto, la comprensión profunda de textos complejos continúa siendo un desafío. (OECD)
Además, leer libros y comprender bien lo que se lee no son exactamente la misma cosa. Los datos del instituto italiano de estadística, ISTAT, muestran que en 2022 solamente el 39,3 % de las personas de seis años o más declaró haber leído al menos un libro durante los doce meses anteriores por motivos no estrictamente escolares o profesionales. Apenas el 6,4 % podía considerarse lector fuerte, es decir, había leído doce libros o más durante el año. (ISTAT)
Las mediciones más recientes amplían la definición e incluyen también lecturas realizadas por razones escolares o profesionales; con ese criterio, en 2024 el porcentaje italiano llegó al 57,1 %. Precisamente por tratarse de una definición diferente, no sería correcto comparar directamente ambos porcentajes como si mostraran una súbita transformación del hábito lector. Lo que sí nos recuerdan es que la pregunta importante no puede reducirse a cuántos libros se leen. (ISTAT)
Leer no es solamente pasar los ojos por las palabras
Cuando escribí la primera versión de este artículo, pensaba principalmente en libros, escuelas y textos impresos. Hoy nuestra relación con la palabra escrita ha cambiado enormemente. Leemos mensajes, noticias, publicaciones en redes sociales, páginas web, comentarios, instrucciones, opiniones y titulares durante buena parte del día. Nunca habíamos tenido tanto texto al alcance de nuestras manos y, sin embargo, tener acceso a más información no significa necesariamente comprenderla mejor.
Por eso la comprensión lectora ha adquirido una dimensión que hace veinte años apenas comenzábamos a vislumbrar. Comprender significa identificar la idea principal, relacionar información, reconocer el propósito de un texto y evaluar argumentos. En los niveles superiores implica también enfrentarse a conceptos complejos y distinguir hechos de opiniones atendiendo al contenido y a la fuente de la información. No se trata únicamente de una destreza escolar: es una herramienta para desenvolvernos en la vida cotidiana.
Podemos leer perfectamente las palabras de una noticia y no comprender qué demuestra realmente. Podemos compartir una publicación sin comprobar su procedencia, dejarnos convencer por un titular sin leer el contenido completo o aceptar una afirmación simplemente porque coincide con aquello que ya pensábamos. En una época en la que cualquiera puede publicar y una información puede recorrer el mundo en pocos minutos, comprender lo que leemos también significa aprender a detenernos, preguntar y contrastar.
¿Y qué ocurre con los adultos?
Esta era una de las preguntas que más me preocupaban cuando escribí el artículo original y continúa preocupándome hoy. ¿Qué sucede con quienes ya pasaron por las aulas y descubren en la edad adulta que tienen dificultades para comprender determinados textos? ¿Qué ocurre cuando esa carencia comienza a convertirse en un impedimento para estudiar, trabajar, informarse o simplemente participar plenamente en una sociedad cada vez más dependiente de la información escrita?
Para los adultos ya no existe necesariamente un profesor que exija leer ni unos padres que digan «debes hacerlo». La decisión pasa a ser nuestra. Y quizá el primer paso sea abandonar la vergüenza. La comprensión lectora no es una cualidad que unas personas poseen para siempre y otras no; es una capacidad que puede ejercitarse. Leer con mayor frecuencia, ampliar progresivamente la dificultad de los textos, consultar las palabras que desconocemos, detenernos para identificar la idea central, resumir lo leído con nuestras propias palabras y comparar diferentes fuentes son prácticas sencillas que pueden ayudarnos.
También debemos aceptar que no comprender algo a la primera no significa que seamos incapaces de comprenderlo. Algunas lecturas exigen tiempo, conocimientos previos y una segunda o tercera aproximación. Aprender a leer mejor implica también aprender a reconocer cuándo no hemos entendido.
Una responsabilidad que continúa
Pronto llegan los hijos, los sobrinos y los nietos, escribí hace veinte años. Algunos ya habrán llegado. Ellos preguntan, observan y aprenden también de nuestra relación con los libros, con la información y con el conocimiento. Podemos decirles que lean, pero será mucho más convincente que nos vean leer; podemos pedirles que piensen antes de creer algo, pero será más eficaz que nos vean comprobar una información antes de compartirla.
Por eso, aún mantengo la esencia de aquella conclusión: la decisión de seguir aprendiendo también es nuestra. Busquemos, indaguemos, leamos buenos textos y no nos conformemos con comprender apenas lo suficiente. Hagámoslo por nosotros mismos, por nuestras familias y por la comunidad de la que formamos parte.
Porque quizá el verdadero desafío ya no sea solamente conseguir que una persona pueda leer. Es conseguir que, después de leer, comprenda, piense, pregunte y forme su propio juicio.
Dámaris Masquil

Nota:
– UMC: Oficina de Medición de la Calidad de los Aprendizajes, del Ministerio de Educación del Perú.
– OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
– ISTAT: Instituto Nacional de Estadística de Italia (Istituto Nazionale di Statistica).
